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Demencia

La demencia es un síndrome que se inicia en la edad adulta, generalmente en la quinta década de la vida, y que es debido a una enfermedad del cerebro de naturaleza habitualmente crónica o progresiva, puede ser causada por una enfermedad cerebral como la depresión severa crónica, la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson, o por una enfermedad sistémica como la diabetes, la hipertensión arterial y la arteriosclerosis, entre otras enfermedades.

Los síntomas de la demencia se instalan progresivamente, y son de tres tipos principales:

1) Deterioro de la memoria Evidente sobre todo para el aprendizaje de nueva información que, en los casos más graves, afecta el recuerdo de información previamente aprendida. La gravedad del deterioro de la memoria se clasifica en: 

Deterioro leve: Pérdida de memoria suficiente como para interferir con las actividades cotidianas, pero que no llega a ser incompatible con una vida independiente. La principal función afectada es el aprendizaje de material nuevo en las formas de comienzo y en las más leves. La memoria a medio y largo plazo puede estar mínimamente afectada o incluso intacta; aunque el individuo puede evidenciar cierta dificultad para el registro, almacenaje y recuerdo de elementos de la vida diaria, tales como los lugares donde deja sus pertenencias, las citas y los compromisos sociales o para la información recientemente proporcionada por los familiares.

Deterioro moderado: El paciente sólo recuerda el material muy bien aprendido o de carácter muy familiar. La información nueva es retenida sólo de forma ocasional y muy breve. El individuo es incapaz de evocar información básica sobre su lugar de residencia, actividades recientes o nombres de personas allegadas. Este grado de alteración de la memoria constituye un serio obstáculo para la vida autónoma. Puede asociarse con la pérdida intermitente del control esfinteriano.

Deterioro grave: Pérdida grave de memoria. Sólo persisten fragmentos aislados de la información previamente aprendida. El sujeto fracasa incluso al intentar reconocer a los familiares cercanos; no le es posible retener nueva información y es incapaz de funcionar en la comunidad sin una estrecha supervisión porque suele presentar un grave deterioro del cuidado personal y una pérdida del control esfinteriano de la vejiga urinaria.

2) Déficit de la capacidad intelectual: Caracterizado por un deterioro del pensamiento  y la capacidad de procesar información, de aprender, de hacer cálculos matemáticos y de comprender las cosas, es decir, un deterioro de la inteligencia y de las capacidades intelectuales. El grado de deterioro intelectual se clasifica de la siguiente forma:

Deterioro leve: El déficit de la capacidad intelectual interfiere con los rendimientos y actividades de la vida diaria, sin llegar al extremo de hacer al individuo dependiente de los demás. Las tareas diarias más complicadas y algunas actividades recreativas no pueden ser realizadas.

Deterioro moderado: El déficit de la capacidad intelectual hace al individuo incapaz de manejarse en la vida cotidiana, incluyendo actividades como la compra y el manejo de dinero, sin la ayuda de otra persona. En la casa, sólo puede llevar a cabo las tareas más simples. El interés por las cosas y actividades es muy reducido o inconstante.

Deterioro grave: El déficit impide no sólo la independencia de la ayuda de los demás, sino que se caracteriza, además, por la ausencia, total o casi total, de pensamientos entendibles.

3) Deterioro del control emocional: La motivación o el comportamiento social que se manifiesta al menos por uno de los siguientes síntomas: cambios del estado de ánimo, que van del llanto a la rabia o a la alegría, por causas mínimas, irritabilidad, apatía, embrutecimiento del comportamiento social. La persona demenciada no es capaz de llevar a cabo su vida social de modo normal, y este deterioro se va instalando poco a poco, de manera progresiva, en el curso de años.

Tratamiento y prevención de la demencia: La demencia es de instalación progresiva e irreversible, es decir, que una vez que se inicia la pérdida de funciones cerebrales, no hay modo de recuperarlas. Lo más importante a tomar en cuenta es el adecuado manejo de las enfermedades desencadenantes, los pacientes hipertensos deben hacer todos los esfuerzos para controlar la hipertensión arterial con una dieta sana, ejercicio y los medicamentos necesarios, los pacientes diabéticos deben prestar especial atención al control de su enfermedad. Un estilo de vida saludable es la única medida preventiva disponible en la actualidad. Es necesario instruir a la población acerca de la detección temprana de la enfermedad cerebral, los síntomas iniciales suelen ser el deterioro de la habilidad de cálculo matemático y la pérdida leve de memoria. Si usted o alguno de sus allegados presenta estos síntomas debe dirigirse al especialista para realizar una evaluación neuropsicológica y objetivar las alteraciones. El tratamiento de la demencia está destinado a enlentecer la progresión de la enfermedad y alargar lo más que se pueda el adecuado funcionamiento de las funciones intelectuales. Debido a la complejidad de la enfermedad el tratamiento de la demencia debe ser llevado a cabo por un equipo médico multidisciplinario, constituido por un neurólogo, un psiquiatra y un internista.

Dra. Mariana Tescari 

Médico Psiquiatra

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