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Una ayuda a tiempo

“Cuando yo era niño, no tenía amigos, no tenia nadie en quien confiar, salvo el cielo vierto de los campos, el viento, y de noche, la soledad y el silencio de mi habitación.  La soledad y el silencio actuaban en mi interior,  como dos fieles que soplaban sin detenerse”. Ahora sé continuaba Walter, protagonista de la novela animada Mundi que habría sido suficiente  una persona, tan solo una, para mi destino hubiese sido otro. Habría bastado una mirada, el vislumbre de una comprensión, alguien con un cincel en la mano que rompiera el molde calizo en el que yo estaba. Luego de leer esta reflexión, me planteo la importancia de la educación efectiva en la infancia y en la adolescencia.

Durante los primeros años de la vida en el desarrollo del niño alcanza en todos sus aspectos un ritmo que jamás volverá  a repetirse.

Durante este periodo tomamos muy en cuenta su crecimiento pero por alguna razón nos olvidamos del desarrollo emocional y este tiene un lugar muy importante, ya que las deficiencias emocionales que se producen durante la infancia dificultan especialmente el desarrollo y mermen seriamente sus capacidades futuras. Las lecciones emocionales aprendidas en los primeros años de vida son extraordinariamente importantes.

Un niño con dificultad para centrar su atención, o un niño que es triste y susceptible, en lugar de ser alegre y confiado, o que es agresivo y ansioso en lugar de ser sereno será siempre un niño que tendrá en el futuro mucho menos posibilidades de sacar partido a las oportunidades que la vida le vaya presentando. Por eso, quienes han pasado una infancia rodeada de cariño aún con dificultades tienen más facilidad para interpretar las cosas de modo positivo, para confiar en los demás, para sentirse seguros y dignos de aprecio. Si tomamos en cuenta la gran influencia que esos primeros aprendizajes emocionales tienen en modelado estilo sentimental, no desaprovechemos tantas ocasiones que se nos presentan cada día para educarlos.

Llenemos a nuestros hijos de educación con amor. Cultivemos el valor de la familia. Mostremos menos preocupación por tantas cosas materiales. Tenemos niños ricos en cosas materiales pero con un gran vacío de amor y de educación emocional.

    Dra. María Adelaida Melean

Médico de niños y adolescentes

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