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Paciencia, amor y estrategia. Conoce las claves para dormir a tu hijo

No existe una fórmula mágica para dormir a un hijo que se resiste con todas sus fuerzas a irse a la cama cuando llega la noche. Pero no todo está perdido y algunas estrategias combinadas con amor, conocimiento y mucha paciencia terminan dando sus frutos. Hay explicaciones médicas y científicas que ayudan a entender mejor a los padres por qué su hijo no quiere dormir, huye del sueño, tiene pesadillas, llora o se cuela siempre que puede en la cama de los adultos.

En entrevista a EFEsaud, el neuropsicólogo Álvaro Bilbao ofrece algunas claves interesantes, y se aleja de dogmas y métodos cerrados.

Claves que recoge en su nuevo libro “Todos a la cama” (Plataforma Actual) con la intención de ayudar a quienes  llevan meses e incluso años sin poder descansar lo suficiente porque no saben como lidiar con el problema.

Dormir a tu hijo: un cerebro desnudo

Advierte Álvaro Bilbao que a veces los padres tienen un pensamiento adultocéntrico y piensan o dicen: se despierta cada vez que yo me duermo; lo hace a propósito; nos pone a prueba; no se calma porque no le da la gana o quiere hacerme la vida imposible.

Nuestro cerebro, explica, tiende a proyectar nuestra forma de pensar en otros seres vivos.

Pensamos que los gatos se frotan en nuestra pierna para manifestar su afecto, porque en nuestra especie las caricias son símbolo de cariño, pero en realidad lo hacen para impregnar su olor y demostrar su dominación.

Hay padres y madres que trasladan su mente adulta a la del bebé sin saber que el cerebro emocional del bebé está “prácticamente desnudo”.

Existen situaciones que no hacen llorar a un adulto pero sí a un niño, como tener hambre, escozor, frío o calor y cólicos.

Dormir a tu hijo: angustia de separación

Si durante los seis primeros meses de vida el hijo ha compartido habitación con los padres, la decisión de cortar con este hábito puede resultar traumática.

Todos los cambios producen inseguridad en el ser humano, y en un bebé esta inseguridad se puede ver acentuada, destaca el experto.

Los niños que se encuentran solos tienen miedo, y además hay que tener en cuenta que entre los 7 y lo 9 meses aparece lo que los psicólogos llaman la angustia de la separación.

Es una etapa en la que empiezan a comprender que las cosas y las personas a veces están y otras veces no. Los niños se pueden angustiar rápidamente si pierden de vista a sus principales referentes.

Por ello Álvaro Bilbao considera que se trata de una edad poco propicia para cambiar al niño de habitación.

Dormir a tu hijo: errores más comunes

Entre los errores más comunes están el dejar al niño todo el día en la cunita o el cochecito, sin ninguna actividad, o por el contrario sobreestimularle con imágenes, canciones, movimientos, juegos.

Cuando ya son algo más mayores y partir de los dos años se puede estar un rato en su cuarto pero para que de resultado y el niño no se levante en cuanto te has ido, Bilbao recomienda no hablar: cuanto más hable el niño más tarde se dormirá.

También aconseja no salir del cuarto, porque es totalmente incompatible con dormir. No nos vamos a nuestra habitación o al salón hasta que el niño no este totalmente dormido.

Entre los errores más comunes que cometen los padres a la hora de enfrentar el momento de la cama de sus hijos, está el dejarle que lea o vea un cuento en la tableta o el móvil, porque esta práctica lo que hace es activar más su  cerebro.

Dormir a tu hijo: la importancia del amor

Para Álvaro Bilbao hay muchas razones por las que merece la pena poner el amor y la ternura como una parte irrenunciable de ayudar a nuestros hijos a dormir.

“El niño que crece en un entorno sensible que responde a sus necesidades tiene más probabilidades de llegar a ser un adulto con una buena autoestima y confianza en sí mismo, y eso se traduce a todos los ámbitos de la vida”.

Concluye que los estudios más recientes demuestran que los niños que han desarrollado un apego seguro “no solo tienen más confianza en sí mismos, sino que también se muestran más solidarios y establecen vínculos afectivos más seguros con otras personas de su misma edad, parejas e incluso con sus propios hijos.

EFE

 

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